Las granjas familiares integran herramientas digitales y técnicas sustentables para mejorar la producción, conectar directamente con los consumidores y difundir los valores de la agroecología en su comunidad.

La producción de alimentos orgánicos en Uruguay está viviendo una transformación gracias a la digitalización agroecológica. Este concepto no se trata de llenar el campo de máquinas complejas, sino de elegir herramientas tecnológicas que respeten la naturaleza y ayuden a las familias rurales a ser más independientes. 

Los hallazgos presentados son fruto de un trabajo de investigación participativa que acompañó de cerca a las familias rurales durante dos años. A través de talleres, visitas al campo y encuentros de intercambio, técnicos y productores trabajaron en conjunto para evaluar la salud de los predios y diseñar juntos las soluciones tecnológicas. Este proceso de «investigación-acción»  permitió que los resultados no fueran solo datos teóricos, sino el reflejo de un aprendizaje compartido donde se probaron y ajustaron las herramientas digitales en la práctica diaria de cada granja. Casos como los de la Granja Mibro y Domo Tortuga muestran que es posible combinar la tradición del trabajo manual con la innovación para proteger el ambiente.

En el día a día de la producción, se utilizan tecnologías diseñadas para cuidar los recursos naturales. Por ejemplo, se han implementado sistemas de riego por goteo para ahorrar agua y se han creado plantas propias para fabricar bioinsumos, que son fertilizantes naturales que reemplazan a los químicos. También se utilizan infraestructuras ingeniosas como gallineros móviles que permiten que las aves ayuden a abonar el suelo de forma natural mientras rotan por el campo.

El cuidado de la energía y el agua es otro pilar tecnológico fundamental. Algunas granjas utilizan paneles solares para generar su propia electricidad y sistemas de cosecha de agua de lluvia para asegurar el riego en épocas de sequía. Además, el uso de baños ecológicos y técnicas de bioconstrucción permite que la infraestructura de la granja funcione en total armonía con el ecosistema, demostrando que la tecnología puede ser sencilla y altamente eficiente.

Las redes sociales se han vuelto esenciales, pero no solo para vender. Estas plataformas funcionan como una ventana que permite a las personas ver cómo se producen sus alimentos, creando un vínculo de confianza que no existe en los grandes supermercados. Al compartir fotos y videos de las tareas diarias, los productores educan al público sobre la importancia de consumir productos locales y de temporada, fomentando un consumo más responsable.

La comunicación digital también facilita que la agroecología se expanda en la comunidad. A través de sitios web propios, las granjas organizan talleres de huerta orgánica, bioconstrucción y cocina tradicional, invitando a la gente de la ciudad a ensuciarse las manos y aprender. Estas plataformas permiten gestionar reservas y recibir donaciones mediante crowdfunding (financiamiento colectivo), lo que ayuda a financiar proyectos comunitarios como la mejora de los sistemas de agua compartidos.

Eventos como los «Encuentros de la Granja» demuestran que la tecnología y la presencialidad van de la mano. Gracias a la difusión digital, cientos de personas se acercan a estos mercados para comprar directamente al productor, participar en talleres y conocer la filosofía agroecológica de cerca. Así, las redes sociales dejan de ser solo una herramienta de marketing para convertirse en un puente que une a vecinos, técnicos y consumidores en una gran red de apoyo mutuo.

Una conclusión fundamental del estudio es la necesidad de crear espacios intermediarios de colaboración entre los productores, la academia y el Estado para probar y adaptar las tecnologías de forma colectiva antes de implementarlas. Se recomienda que los futuros proyectos prioricen el uso de tecnologías abiertas y colaborativas para asegurar que las familias rurales mantengan su autonomía y no dependan de plataformas cerradas. Finalmente, el trabajo destaca que este enfoque participativo permitió generar información valiosa en territorios donde los datos eran escasos, empoderando a los agricultores para que tomen decisiones basadas en evidencias reales sobre la sustentabilidad de sus propios predios.

Autor: Valentin Modernel

DIMENSIÓN TERRITORIAL:
Multidimensional

TERRITORIO DE INTERVENCIÓN:
Maldonado y Rocha, Zona Rural

ESCALA TERRITORIAL:
Intermedia

FECHA:
Abril 2023 – Marzo 2025

ÁMBITO:
Académico 

REFERENCIA:
Universidad de la República, Facultad de Agronomía

AUTOR:
Marcela Marques Berrutti

COLABORADORES:
Álvarez, J.; García Suárez, F.; Linari, G.

TÉCNICAS DE ANÁLISIS E INTERVENCIÓN:
Metodología TAPE (FAO), Pensamiento de Sistemas, Investigación-Acción, visitas de campo, talleres de sistematización, entrevistas semiestructuradas

FUNCIONES UNIVERSITARIAS IMPLICADAS:
Investigación, extensión y enseñanza

FUENTES DE FINANCIACIÓN::
ANDE (Kits Digitales y SOS MIPYMES), Facultad de Agronomía (Udelar), MEC y Proyecto Eccosur

INSTITUCIONES VINCULADAS:
Udelar, MGAP, ANDE, MEC, Red de Agroecología del Uruguay (RAU)

INFORMACIÓN DE CONTACTO:
marcelamarquesbe@gmail.com (Marcela Marques Berrutti)

FUENTE DE FOTOS/IMÁGENES:
Imagen 1: Marques Berrutti, M., Álvarez, J., García Suárez, F., & Linari, G.
Imagen 2: Berna Gaitán Otarán
Imagen 3: Helena Olcina Amigo

FUENTE:
Marques Berrutti, M., Álvarez, J., García Suárez, F., & Linari, G. (2026). Digital innovation and agroecology in two family productive systems in Eastern Uruguay: Supporting participatory processes and the empowerment of rural communities. Agrociencia Uruguay, 30, Artículo e1770. https://doi.org/10.31285/AGRO.30.1770